Plantando oxígeno
Geia!
Vengo a compartir mi experiencia sobre una actividad de la cual he contado algo antes: El primer proyecto realizado en este año escolar por iniciativa de mi grupo Endgame. Dado que ya he compartido algunos detalles en cuanto a la preparación de este, a continuación presentaré únicamente mi reflexión y mejoras que haya podido tener. ¡Comencemos!
La plantación de este árbol representó en mí una experiencia bastante reconfortante. Me encantó como el trabajo en colaboración con otros fue base elemental para la ejecución de todo este proyecto; desde la solicitud de permisos hasta la plantación misma. ¿Por dónde iniciar?
Posterior a un feriado que nos restó una de las muchas fechas perdidas, pusimos en marcha la ejecución de este proyecto. Un aliado y amigo nuestro, estudiante en la Universidad Nacional Agraria, nos proporcionó mucha ayuda con observaciones sobre qué árbol sería óptimo plantar en la zona que escogimos. Gracias a él, logramos coincidir en la decisión de plantar un trasplante de Huaranhuay. Con el árbol ya en el colegio, reunidos mi equipo y yo y un integrante del personal de jardinería esperándonos, fuimos a los salones de Iº de Secundaria para recoger a los delegados de medio ambiente. Cabe recordar que el propósito de esta actividad no es tan solo contribuir al medio ambiente al plantar un árbol, sino incentivar a los jóvenes a realizar este tipo de prácticas por un bien común: La vida. De tal manera, este árbol una vez plantado sería realmente suyo, y nosotros pasaríamos a asistirles en el cuidado de este en lo que nos resta de nuestro último año acá.
De vuelta al punto: Reunimos a tres de los cuatro delegados medioambientales para dirigirnos a la zona de plantación. Fue una verdadera lástima que el alumno restante no haya podido unirse a la actividad, debido a que estaba rindiendo un examen importante, al igual el hecho de no haber contado con la presencia de la Coordinadora del grado. En fin, nos dirigimos con todos lo integrantes de esta actividad a darle inicio. Tan pronto como llegamos, el jardinero se puso en marcha y abrió en el césped un hoyo perfecto para nuestro árbol. Después, todo era cuestión trabajo en equipo para posicionar al árbol en dicho hoyo, fijar el soporte de este óptimamente, tapar el hueco con la misma tierra que sacamos y por último, regar "por primera vez" este nuevo árbol. En esta parte de la actividad me dediqué poco al trabajo físico y opté por tomar fotos de evidencia desde distintos ángulos; aunque logré intervenir en un momento para regar la tierra.
Con la tierra de vuelta en su lugar y el árbol posicionado correctamente, pensamos en colocar alguna medida de retención para evitar que el árbol se dañe en un colegio con tantos niños. Nuestro asesor nos facilitó el conseguir una cinta de precaución para evitar el paso a dicha área y cercamos nuestro nuevo árbol con esta. Una vez terminado esto, llevamos de vuelta a los pequeños de vuelta a sus salones y volvimos a ver el buen trabajo que se había realizado. Una grandiosa actividad que no hubiese sido posible sin la intervención de tantas manos.
Sin embargo, nada es perfecto (y menos este proyecto)... En cuanto a mejoras, nuestra principal falla fue nuestra la falta de coordinación inicial que provocó que este proyecto se quedase en una fase de standby desde abril hasta junio; simplemente impresionante. Mi grupo y yo nos vimos tan plasmados en la entrega de trabajos y asesorías que dejamos descuidado este proyecto por un tiempo. Incluso nuestros asesores pensaron que ya lo habíamos dejado de lado. Todo esto se debió a una serie de contratiempos causados principalmente por una falta de compromiso y miedo frente a una actividad tan irregular, sin embargo, el proyecto nos sirvió de ejemplo para romper este hielo y mejorar en un futuro. Es la coordinación el punto al cual más dedicación le pondremos mi equipo y yo de aquí en adelante para futuros proyectos. No hay motivo de quedarse con la cabeza gacha frente a un error si es mejor aprender de él.
















